Linchamientos a la orden del día

Por // En Sociedad // 2012.06.11 // // No hay comentarios //

Los santiagueros están alarmados con la cantidad de casos en los que ciudadanos han asumido la justicia por sus propias manos, linchando o tratanto de linchar a delincuentes sorprendidos en sus fechorías.

[pullquote]Mientras persistan estas desconfianzas mucha gente se sentirá tentada a pasarle por encima a las leyes ya bastante menguadas o vulneradas[/pullquote]Pudiera decirse que lo mismo pasa, con cierta regularidad, en la misma capital, cada vez que un grupo de ciudadanos hastiados por la inseguridad en sus barrios o víctimas directas de la delincuencia, ajustan cuentas con los malhechores, a veces matándolos, a veces dejándolos bastante maltratados.

No hay duda de que lo hacen movidos por la desconfianza en todo el sistema judicial y en los organismos de seguridad pública, pese a que la Policía ha demostrado, aun con insuficientes recursos y agentes, que resuelve a tiempo muchos crímenes y situaciones vinculadas con la criminalidad.

Las laxitudes del Código Procesal Penal alimentan esta cuota de desconfianza, porque los ciudadanos ven cómo los delincuentes vuelven a la libertad, o simplemente no llegan a las cárceles, al amparo de las llamadas medidas de coerción que no parecen tener nada de lo que etimológicamente sugiere dicha palabra.

Esas flaquezas las han advertido ya numerosos juristas y recientemente lo acaba de hacer el propio presidente de la Suprema Corte de Justicia, el más alto tribunal del país, al admitir que es preciso introducir algunas reformas a dicho código, para que pueda servir como disuasivo y a la vez penalizador del crimen en todas sus variantes.

Mientras persistan estas desconfianzas mucha gente se sentirá tentada a pasarle por encima a las leyes ya bastante menguadas o vulneradas, para hacer una justicia que no la perciben impartida en nuestros tribunales.

Es una situación bastante lamentable porque nadie tiene la autoridad para quitarle la vida a nadie, ni a suplantar, en un Estado de derecho, a los órganos que están llamados a ser guardianes y ejecutores de las leyes que permiten, si se cumplen, la vida civilizada y ordenada de los ciudadanos.

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